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16/11/09

La Noche de los Museos 2009 instantáneas para el recuerdo

Estas son algunas instantáneas para el recuerdo que nos cuenta una voluntaria encargada del sector "Talán talán, al patio!":



Muchos se animaron a jugar a la rayuela y saltar la soga. Se escucharon conversaciones entre padres e hijos sobre cómo variaron algunos juegos y otros no tanto y también diálogos entre niños y jóvenes recordando las reglas particulares que tomaron los mismos juegos en cada escuela. “¿Te acordás de este juego?”, “¿en tu escuela jugaban a esto también?”, “¡Mirá! Yo tengo una colección entera de bolitas en mi casa…”.

La campana era una tentación a la que pocos se resistían, muchísima gente (sin importar su edad) se acercó a tirar la soga para hacerla sonar.  

Dos amigas se acercaron, caminando del brazo, a mirar las fotos,  una de ellas, con la mano libre, sujetaba un bastón. En un primer momento se detuvieron frente a la fotografía de niñas haciendo una ronda en el jardín de su escuela, entre los árboles. Las señoras observaron esa imagen buscando reconocerse, una de ellas preguntó de qué colegio era, tal vez con la intención de encontrar en esa foto un reflejo fiel de su recuerdo de tantos años atrás. A continuación miró el guardapolvo de la Alicia que se encontraba en el lugar… “¡Yo usé el mismo! Era igual, igualito… con el cuellito así y un moño atrás… Sí, el mío era igual a este.” La amiga permanecía en silencio, mirando todo con ojos de quien recuerda. La señora continuó recorriendo el espacio con la mirada y encontró el piano. A la vez que se dirigía hacia el instrumento nos contó que era profesora de piano. Sin ningún inconveniente le pidió a un muchacho que la ayudara a correr la banqueta para sentarse más cómoda. Se quejó de que la misma era muy baja y de que el piano estaba desafinado. Sus manos arrugadas y algo temblorosas comenzaron a caminar sobre las teclas. Primero fue un acorde, luego otro y otro. En breves instantes se encontraba rodeada de gente, haciendo sonar la melodía de diferentes canciones del repertorio popular. Quienes cantaban a su lado sonreían, movilizados por el recuerdo y por el asombro que provocaba una señora de ochenta y tantos años. La amiga la acompañaba a un costado, le daba vergüenza estar rodeada de tanta gente, le incomodaba llamar la atención.  

Agradecemos a todos los voluntarios que año a año, con su esfuerzo y dedicación nos ayudan a hacer una mágica noche de los museos para todos.

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