Sede actual

Ministerio de Educación GCBA - Universidad Nacional de Luján

Sede temporaria: Cátulo Castillo 2750. Ciudad de Buenos Aires.

museodelasescuelas@bue.edu.ar

16/11/03

UN museo invita a sentarse a un pupitre y repasar la vida en la escuela. Nota en diario Clarín.

MUESTRA INTERACTIVA | SE PUEDE VISITAR HASTA EL 28 DE NOVIEMBRE EN EL GALPON DE LA REFORMA DEL PALACIO PIZZURNO Un museo invita a sentarse a un pupitre y repasar la vida en la escuela

Por: Sibila Camps

Un puñado de plumas cucharita que el librero no llegó a vender, un ejercicio de bordado guardado por orgullo, un portafolios ya áspero que perdonó el afecto, no siempre son la resaca agridulce de la nostalgia: desplegados en el Museo de las Escuelas dan cuenta de cómo los gobiernos han querido que fuéramos —y también que no fuéramos— los argentinos.

Gestada por la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad y de la Universidad de Luján, la muestra "Lo que el borrador no se llevó" ya pasó, en formato más reducido, por el Instituto Bernasconi, el Centro Cultural Recoleta, el hall central de la última Feria del Libro y la ciudad de Rosario. Y hasta que el Museo de las Escuelas tenga sede permanente, estará en el Galpón de la Reforma del Palacio Pizzurno, en Montevideo 950. Un lugar accesible, que permanecerá abierto hasta el 28 de noviembre, de lunes a viernes de 10 a 16.

Es difícil, por suerte, mantener una mirada ingenua hacia esos objetos familiares del pasado. Hoy en día significan otra cosa, que muchas veces se explica en la exposición. Las corbatas de los alumnos en las fotos grupales, la caja de almidón Colman, la formación castrense para tomar baños de sol, los códigos corporales que pautaban los menores movimientos, traducen un obstinado mandato disciplinario. La persistencia de los tinteros —cuando ya había lapiceras fuente y bolígrafos—, estaba más cerca del castigo que de la didáctica.

Se trata de una muestra interactiva, para que chicos curiosos y adultos con morriña no resistan a la tentación de sentarse a los pupitres macizos, escribir en las pequeñas pizarras que precedieron a los cuadernos, probar la pluma y el secante. Los cartelitos invitan a abrir cajones y tapas de viejos muebles escolares, y a encontrar allí respuestas a incógnitas insospechadas.

Un rincón reconstruye el temido pero útil consultorio, donde una vez por año dentistas y pediatras revisaban en masa a los chicos. Resulta sorprendente el área que muestra la evolución del jardín de infantes en la Argentina. Allí están, encarnadas en juguetes didácticos, las sucesivas teorías pedagógicas.

El sector más significativo resume la historia de los libros de lectura, a partir de una investigación de la Universidad Nacional de Luján. La patria, Dios, la familia, son las líneas que "bajaron" desde La niña argentina. Luego avanzaron las ideas nacionalistas, en textos que indirectamente apuntaban a padres analfabetos o inmigrantes.

Los libros de buena parte del siglo XX insistieron en plácidas abuelas de rodete, con mañanita y delantal de cocina, leyendo cuentos desde la mecedora, un gato con moño ovillado a sus pies. Los de la década justicialista machacaron en los derechos del trabajador, del niño, de la mujer y de la ancianidad. Fuertemente politizados y "partidizados", incluyen la "Declaración de la independencia económica".

Vale la pena llamar al 4129-1330 (martes y jueves, de 9 a 18) y concertar una visita guiada con alumnos para quienes un ábaco resultará tan paleolítico como un pedernal.

En cuanto a los que hace tiem po se alejaron de renglones y etiquetas, saldrán con ganas de revolver placares y estantes, y compartir los tesoros escolares que llegaran a encontrar. Pueden llamar al 4372-6714 y 4372-6844, o bien escribir a museodelasescuelas@yahoo.com.ar con la certeza de que los visitantes les darán el mismo valor.













No hay comentarios: